Del 6 de noviembre de 2025 al 29 de noviembre de 2025 L-V: 17-20h y S: 11-14h
Del 6 al 29 noviembre de 2025, el espacio de CRUCE acoge la exposición individual «Cronografías. Una bitácora personal del tiempo» de Tania de León Yong, comisariada por Concha García.
Tania de León Yong muestra en Cruce sus diversos acercamientos a la noción de tiempo: “una bitácora personal”. Su trabajo se desarrolla en el terreno de la animación, expandiendo su ámbito tradicional a otros formatos y materiales: podemos hablar de animación expandida.
Atendiéndonos a la etimología, la palabra animación procede de la palabra latina animatio, y ésta a su vez de anima, que se refiere al aliento o principio vital. Podemos entender, por tanto, la animación como acción y efecto de infundir vida. La vida que se despliega en las obras que aquí se nos muestran, no es, sin embargo, la propiedad de las personas, en este caso la artista, proyectada de forma imaginativa sobre las cosas. No se trata de la proyección de su esquema interior hacia el exterior, sino que se nos invita a enfocarnos en el potencial dinámico y transformador de la red de relaciones de la que todos los seres, animados e inanimados, participamos. Asistimos al despliegue de la red de relaciones que constituye el mundo y la vida: que nos constituye. Parece decirnos que la animación es el principio fundamental de todo lo que existe. Este es el objeto de sus proyecciones, transformaciones y evoluciones, que se despliegan en el tiempo.
Sus Cronografías, numeradas del I al IV, nos permiten pasear por diferentes aproximaciones a la cuestión temporal. Hablar de tiempo nos conduce ineludiblemente a hablar de duración. El movimiento del sol como primer reloj natural con el que hemos medido desde tiempos ancestrales el paso del tiempo tiene su inmediato efecto en la evolución de las sombras a lo largo del día. Utilizar las sombras como reloj nos remite a un tiempo percibido como cualidad, más que como cantidad. Un tiempo que nunca es estático, sino que es invención, movimiento, evolución de procesos formativos, relaciones entre objetos cuyas sombras y texturas se invaden, mueven y conmueven, mostrando aspectos cambiantes de ese todo en perpetuo cambio del que somos parte. En la corriente de la vida, Cronografías I, tiempo cronológico, parece afirmar que las cosas no son, sino que ocurren, poniendo su atención en los movimientos que las dan origen, más que en sus formas objetivas: en los procesos formativos.
El tiempo genealógico (Cronografía II), también está constituido por líneas de movimiento, por trayectorias que construyen una red efímera y cambiante de tejidos en movimiento. En vez de detener la mirada en la condición inamovible del gen constitutivo, se dirige nuestra atención hacia las historias contadas por nuestros ancestros, sus relatos y movimientos vitales, que se entretejen con los nuestros en una red de relaciones que se despliega sin parar y constituyen lo que somos y lo que sabemos y conocemos. Conocer a alguien es conocer su historia y que esa, su historia, nos conforme y constituya. Una relación, por tanto, es el acto de dibujar un trazado y añadirlo para redibujar el propio dibujo/trazado existencial. Dibujo entendido, por tanto, no como una proyección, sino como una búsqueda dinámica, temporal, que deja una traza, una huella. Los genes, las imágenes detenidas, los registros estáticos de paisajes son, por tanto, dejados de lado para conducir nuestra atención en los movimientos generativos de la vida: la red de relaciones, afectos, la luz, el viento, el clima. Tal y como lo muestra también en sus ejercicios para dibujar el tiempo.
El tiempo cosmológico (Cronologías III), se propone en forma de instalación inmersiva de Realidad Virtual. Parece referirse a la expansión del Universo, a ese movimiento perpetuo de las esferas celestes del concepto de Aristóteles o al movimiento continuo de la materia de la que somos parte. Es por tanto pertinente utilizar la inmersión en un espacio de experiencia multisensorial como método de representación de un marco temporal habitualmente alejado de la experiencia cotidiana humana.
La relatividad del tiempo es algo que conoce bien el animador: aunque tradicionalmente en animación son necesarias 24 imágenes por segundo para producir la sensación de cambio y movimiento, puede ser necesario emplear varias horas para completar un fotograma de animación, y eso nos vincula, al reconstruir el lapso temporal de factura tan demorada, aunque sea de forma metafórica, con otros tiempos, como el tiempo geológico. Esta medida temporal aparece plasmada en Cronografías IV, series de imágenes que constituyen el libro de artista en cinco tomos del espacio natural Los Laberintos de Tlaxco, ubicados en el estado de Tlaxcala, México, del que la artista muestra en Cruce una aproximación secuenciada impresa. Curiosamente, Tania de León denomina a este libro de artista en formato Leporello “Tiempo psicológico”. Y es que la “objetividad” de un paisaje, sobre todo de los que forman parte de nuestra infancia, se enraíza en estados afectivos, recuerdos, ideas, emociones. A su vez, el recuerdo no puede nacer si no se crea junto con la percepción, así que percibir un paisaje es recordarlo. El recuerdo se aferra a los cuerpos: los colores, sonidos y olores, son el vehículo de esas emociones. Las rocas, las montañas en las series fotográficas no son nombres, sino verbos: evidencias visibles de procesos y por tanto metáfora visible de procesos psicológicos, cuyas huellas son el reflejo de un devenir, no de un ser. Y se comprueba la imposibilidad de descomposición de una sucesión, como si sólo pudiéramos, colocando un fotograma tras otro y reproduciendo el principio de persistencia de la visión, ser testigos presentes de las acciones del tiempo geológico.
Ante el vértigo de la movilidad universal constante, podemos decir, como decía Bergson, que “una fijeza no es más que un acuerdo efímero entre movilidades”. En forma de “persistencias gráficas”, se rinde homenaje, en la exposición Cronologías de Tania de León Yong, a los devenires efímeros que siempre se desarrollan en el tiempo.
Texto de Concha García

