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¡Escucha!, Danza: Cecilia Gala, “Dos sillas”

8 de mayo de 2021 20:30

6€

Con mayo llega el movimiento 

Dos conciertos muy distintos pero ambos enfocados en la danza Butoh, una forma de danza improvisada que emergió en Japón tras la Segunda Guerra Mundial y que se caracteriza especialmente por su capacidad de concentrar la energía humana.

Nos complace enormemente poder contar con dos grandes exponentes de esta forma de movimiento humano improvisado:

Cecilia Gala y Marianela León,

y nos resulta especialmente interesante constatar hasta qué punto cada una se plantea esta forma artística desde una perspectiva tan personal como contrastada.

El sábado 8 de mayo de 2021, a las 20:30 se presenta la pieza de Danza Dos sillas o el confinamiento con la intervención de

Cecilia Gala – danza butoh

Wade Matthews – laptop laptop

Pilar Duque – luces

Durante el confinamiento, un artista francés colgó en las redes un plano de su pequeño apartamento con la irónica frase: “estoy mirando el mapa, a ver a dónde ir este fin de semana.” Con ese plan y ese plano, definía una realidad cercada por los muros externos de su piso, dibujados en un mapa que nos recuerda aquellos de la Edad Media con esquinas adornadas por querubines de pelo rizado y chapetas infladas que soplaban los vientos desde cada punto cardinal.

Esos antiguos planos delimitaban los bordes del mundo conocido, más allá del cual, según señalaban, hay monstruos. Pero en nuestro(s) confinamiento(s), los bordes no se sitúan en los confines de la tierra ya cartografiada sino justo al otro lado de la puerta de nuestras casas. Y el miedo por lo que nos pudiera acontecer al cruzar esa frontera viene de entrar en una zona poblada no de monstruos sino de peligros invisibles, intangibles, o las dos cosas a la vez.

Por otra parte, había cierta seguridad en los planos antiguos. Una leyenda que avisa de monstruos allende las fronteras nos permite la grata ilusión de que no los encontraremos dentro de ellas. Pero en el confinamiento, nos acechan otros, y desde mucho más cerca: la soledad, la sensación de pérdida, la falta de abrazos o caricias, la incomunicación y finalmente, la depresión… ¿Y para los artistas?

Dicen que tenemos espejos en nuestras casas para vernos reflejados y constatar que existimos. Para las personas que hacemos arte, existir es crear, y compartir nuestras creaciones con los demás es inventar y atestiguar ese reflejo especular que nos sustancia como humanos. Sin ello, los monstruos entran por la puerta y nos devoran, a veces con bocados tan pequeños, tan sigilosos que no nos damos ni cuenta hasta que falta la mitad de lo que fuimos.

De eso van nuestras Dos sillas; de cómo conjugar la aparente crueldad de que la misma palabra silla designa simultáneamente una metonimia de la inmovilidad individual y un objeto en el que montar para viajar a caballo. Para lxs artistas, la respuesta está en el viaje—quizá a ninguna parte, como los cómicos de la magistral película de Fernán Gómez—el viaje de la creación en sí, aún cuando, como ocurre en este año de la plaga, tiene más de fuga que de excursión. Se pregunta retóricamente Maurice Blanchot en L’Espace littéraire, ¿”cuántos artistas dejan tras ellos, como cicatrices de heridas mal cerradas, las huellas de sus sucesivas fugas, de sus retornos sin consuelo, de su aberrante ir y venir”?

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